Esa tarde era como cualquier otra, estaba yo, el sol, la vida, ese paso exactamente igual al anterior o tal vez la vida era yo mismo, porque muchas veces somos lo que vivimos; momentos de tristeza, triunfo, somos alegría, derrota o como era el caso una simple repetición de la monotonía.

        El sol me abrasa bajo este cielo tropical. Es uno de esos momentos donde nada es especialmente significativo y todo es lo que siempre has hecho, así que soy un robot y mi instinto me guía hacia una cafetería para satisfacer mi necesidad de mantenerme hidratado, pero no soy el único con esa necesidad, el lugar esta abarrotado, todos extendiendo sus brazos con el dinero en la mano pidiendo algo diferente cuando en medio de todo ese frenesí escucho una voz que llama mi atención, inclino la cabeza hacia adelante mientras miro a mi derecha y siete personas después me sorprenden esos labios rosados pidiendo nada menos que un jugo de tamarindo, pero no la escuchaban. La verdad nunca pensé que la palabra tamarindo fuera tan sublime, esa palabra salia de su boca mientras se vestía con la misma delicadeza de sus labios acariciando mis oídos. por un pequeño instante sus ojos me miraron y pude contemplar toda esa inocente belleza en un solo lugar, lo único que podía hacer era pedir mi jugo de piña junto con el suyo de tamarindo, lo hice, se lo pase y no hubo mas, realmente no tenia intención de mas.

        Tal vez en el momento esa cafetería era como la vida, todos procurando satisfacer su necesidad al mismo tiempo mientras cada uno tira para su lado. Muchas veces casi nos perdemos en el estrés y los problemas propios de la vida a no ser por esos aislados momentos en la agitación cuando algo llama nuestra atención, puede ser una persona, un pensamiento fugas o algo en la naturaleza pero siempre es un detalle que sale de la rutina cautivandonos por unos segundos, creando esas sutiles diferencias que rompen nuestra monotonía haciendo brotar una sonrisa que logra cambiar rotundamente nuestra percepción.

        También creo que la vida es como una carretera en linea recta con arboles y montañas que forman hermosos paisajes a los costados pero la mayor parte del tiempo nos concentramos tanto en avanzar que solo miramos al frente tratando de conquistar ese horizonte de pavimento hasta que una inesperada colisión nos deja mirando hacia un costado justo frente a esa flor.

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Etiquetas: analogia vida belleza

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Comentario de WELLINGTON GUERRERO N. el junio 8, 2011 a las 7:53am

Fred

Sabes tuve una epoca en la cual caminaba constantemente por la calle el conde, observaba las tiendas, los transeuntes, los negocios, los novios, los vendedores, en fin todo lo que mi angulo recto y horizontal veia.

 

En unos dias de semana santa, cual es mi costumbre, caminaba por la citada calle y me por un momento eleve mi mirada hacia lo alto de los edificios y fue desde ese momento que pude notar la belleza de su arquitectura.

 

Asi es la vida tal como tu la describe (como una carretera) nos empeñamos en avanzar sin disfrutar de los detalles que estan en nuestro alrededor.

 

Gracias por evocarnos hacia esos detalles, diligente pamorartista. Anti me descubro la cabeza.

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